domingo, 2 de julio de 2017

RELATO CORTO Y “TORMENTOSO” DE VERANO


AMENIZADO POR UNA BANDA SONORA DE RAYOS Y TRUENOS



El verano se había iniciado con buenas previsiones  climatológicas. ¡ Vamos nena , haz el atillo que nos vamos a la aldea!, le dije  a mi esposa. Y para Vences , que así se llama mi aldea , enclavada en el valle de Monterrei – Ourense –  a pocos kilómetros de “A terra das augas”, como se conoce a Verín , nos fuimos para disfrutar unos días. del apacible ambiente rural, escapando del “reggaeton” veraniego urbano.

Al llegar, nos encontramos con un Bando en el que el Concello de Monterrei en previsión de una escasez de agua por falta de lluvias en los meses en que debían haber caído las gotas con abundancia, recomendaba  austeridad en el uso del agua reservándola solo para usos domésticos. Nada de lavar coches, de llenar piscinas o de regar..

Asumiendo las recomendaciones, nos dispusimos a  disfrutar de los muchos alicientes  rurales  en compañía refrescante de un gin tonic “a noitiña”, -- entre lusco y fusco-- en una terraza al aire libre  con vistas al valle.

El calor se torno en bochorno y el cielo, malhumorado, dejo de ser azul, cambio el semblante y empezó a cubrirse de negros nubarrones que presagiaban el agua que tanto se anhelaba para paliar los efectos de una incipiente sequía, Eso sin el temido “pedrisco”.

. En el ambiente se olía la tormenta, aunque lejana, porque aún no sonaban cercanos los “tambores” que anunciaban la descarga., pero sí tocaba  ponerse a cubierto. Y así lo hicimos al filo de las diez de la noche oscurecida  prematuramente por unas nubes “carboneras” que auguraban  una tormenta de verano que estaba descargando en la lontananza.

Hora y medía más tarde empezó lo esperado. De la lejanía  llegaban   sonoridades  “es-truendosas”, poco perceptibles si,  pero que alertaban  de que  si  el viento se lo proponía, podían  amenizarnos la noche.

 Y nos la amenizó…¡Y de que manera!..Se desató la “mundial” . Algo así como la “tormenta perfecta” con una sinfonía de truenos ensordecedores con  acompañamiento pirotécnico de  relámpagos  espectacular, que iluminaban cegadores el cielo y se clavaban en la tierra. Llegaban   con  trombas de agua celestiales  y fuertes “ventoleras” que hacían “bailar” las hojas de los árboles con ritmo desenfrenado.

Relativamente tranquilos  por la proximidad de un pararrayos  y  con la esperanza de que la tormenta “mojada” del verano fuera remitiendo, tomamos  las precauciones de cerrar puertas y ventanas, para evitar problemas y aislarnos del “espectáculo”, mientras le contaba a mi mujer una historia  “tormentosa” acaecida en mi niñez , precisamente en la aldea,

Tendría 7 años – de eso hace 67 -- cuando  la naturaleza desatada también nos había visitado. Eran tiempos del “carburo” y la lareira. No había luz y en la oscuridad de la noche los truenos  rugían , estallaban los relámpagos y el viento hacía aullar a los árboles. Estaba “muerto de miedo” y tras rezar el rosario con mi madre y pedir refugio a Santa Bárbara, me fui directo debajo de la cama hasta que pasara la tormenta. Allí estuve por lo menos 2 horas.

En pleno relato sobre aquella tormenta “añeja”… ¡ zasca! …¡ Mi madriña! …Un rayo cayó más cerca de lo deseado y todo retumbo. La luz se fue y a oscuras recurrimos a los móviles mientras la tormenta hacía de las suyas.. Miedo, lo que se dice miedo, no teníamos pero…si que estábamos “tensos” – por decirlo de alguna manera -- a la espera de que la tormenta se fuera alejando, lo que hizo más lentamente de lo que deseábamos.

Solo cuando los exabruptos sónicos tomaban camino de la lejanía recuperamos la tranquilidad perdida y nos fuimos a la cama, aunque en esta ocasión me puse encima de ella, entre las sábanas.

Colorín, colorado,--este relato se ha acabado, aunque las vivencias de pillar una tormenta en el rural  tienen una intensidad sobrecogedora. Y si, me acorde de Sta. Bárbara.