viernes, 5 de septiembre de 2014

SOY UN "SUPERVIVIENTE "(2): HOMENAJE PÓSTUMO DE "CUERPO PRESENTE"


Víctor Manuel y Ana Belén. Coliseo. Agosto del 2004
"NO ESTABA MUERTO,ESTABA DE PARRANDA"



Todos los días uno no tiene el privilegio de asistir a su propio homenaje póstumo con una cerveza en la mano. Así, de esta guisa, me pillaron Víctor Manuel y Ana Belén en el Coliseo de A Coruña el día en que me dedicaron una canción in memoriam, "Sólo pienso en ti", convencidos de que había muerto dos años atrás.

"No estaba muerto, estaba de parranda", tituló La Voz de Galicia dos días después del concierto, al hilo del insólito tributo que me rindieron Ana y Víctor.

La verdad es que no andaba de parranda, pero sí estaba tomándome una cerveza en compañía de César Casal, subdirector de La Voz, con quien cataba el sonido y comentaba, en el pasillo central del Coliseo, la gran profesionalidad de los músicos que acompañaban a Ana Belén y Víctor Manuel.

En ésas, Víctor Manuel, con cara y voz solemne, va y dice:

–Queremos dedicar esta canción a un gran amigo que murió hace dos años y al que siempre visitábamos cuando veníamos a A Coruña: ¡Nonito Pereira!

Al oír la dedicatoria y el motivo de la misma, me quedé "tieso", pero, de la sorpresa y no reaccioné hasta que César me dio en el codo y me dijo:

–¡Nonito, te acaban de matar!

Me pellizqué para comprobar que estaba vivo, mientras un murmullo de sorpresa recorrió el Coliseo ante la noticia. Sobre mi persona empezaron a caer miradas de la gente. Me miraban perplejos y alguna que otra persona me señalaba incrédula. El muerto gozaba de buena salud.

Tocaba tomar mi muerte a cachondeo, y así lo hice. No fui el único, ya que a pocos metros, y en las gradas, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de A Coruña, Carlos González-Garcés  –al que había saludado momentos antes–  estaba sentado con su esposa al lado de mi mujer, y todo serio, con el correspondiente "cachondeo", se acercó para darle el pésame.

El productor Jesús Manzano y Ramón Barros, director del Coliseo, reaccionaron con premura y se fueron hacia el backstage para deshacer el entuerto y desenterrar al muerto, que era yo. Le comunicaron al hermano y mánager de Ana y Víctor que estaba vivo y, después de echarse las manos a la cabeza, éste pasó la noticia a los cantantes, que no salían de su asombro.

A los veinte minutos, Víctor rectificó la noticia y salió del paso diciendo que el fallecido había sido un hermano mío. Dicho lo cual me resucitó con la canción "Sólo le pido a Dios", ante los aplausos del público.

Entonces, me emocioné. Tal cual lo leen: no todo el  mundo tiene la oportunidad de asistir en vida a un homenaje póstumo y poder comprobar una amistad instaurada a lo largo de 45 años. Yo ya sabía que Ana y Víctor me profesan una amistad que es correspondida, pero no me imaginaba que, además de ser de larga duración, fuera merecedora de ese homenaje. Gracias, Ana. Gracias, Víctor.

Por cierto, para recuperarme de la sorpresa, me acerqué a la barra del Coliseo y pedí una cerveza. A la hora de pagar, el encargado me miró y me dijo:

–¡Aquí los muertos tienen barra libre!. Y me invitó. Todo un detalle.

Soy Lázaro, y acabo de resucitar

Acabó el concierto. Junto a mi esposa, que aún tenía la cara maquillada de sorpresa, me dirijo a los camerinos entre chascarrillos de mis conocidos. "Para haber estado muerto tienes buena cara,… ¿qué tal por allá?", y cosas por el estilo.

Entré en el camerino al grito de "¡Soy Lázaro, el resucitado!". Al verme, Ana y Víctor se abrazaron a mí y me pidieron disculpas por haberme matado. Entre risas, Ana dijo: "Nonito, te acabamos de alargar la vida porque ya conoces ese dicho de que cuando alguien te mata por error, te alarga la vida". "¿Cuántos años?", pregunté interesado entre risas… "Por lo menos tantos años como tiempo estuviste desaparecido". Echo cuentas y, según la profecía, pasaré de los 85…

Una llamada de mi "viuda"
Seguimos charlando y apareció en los camerinos el hermano de Ana Belén,  quien, al parecer, fue el artífice de mi defunción. "¿Cómo no contrastaste la noticia?", le preguntó Ana. "Lo siento, pero, como además no vimos a Nonito antes del concierto y siempre se pasa a saludarnos, pues…", contestó. Quise saber de cual fue la noticia que anunció mi muerte y me la contaron.

–Resulta que hace dos años -comentó el hermano de Ana- me llamó a la oficina una señora que dijo ser tu mujer y me dio la noticia de tu muerte. Le di el pésame y me comentó la posibilidad de que Ana y Víctor intercedieran para que una hija tuya entrara a trabajar en una compañía de discos. Quedamos en que me volvería a llamar para darme los datos y enviarme un currículo, pero no lo hizo. Comenté con Ana y Víctor la noticia. Apenados, quedaron a la espera de más noticias que no llegaron. Pasó el tiempo y al llegar a A Coruña y no verte aparecer antes del concierto, te echamos de menos y repasamos los buenos momentos compartidos. Y el recuerdo a tu persona caía de cajón...
Más que de cajón, cayó de "féretro", añadí entre risas.

Las circunstancias de mi óbito
Cierto, desde que nos conocimos en 1971, con el pingüino de Nonito de por medio –tal y como narré en el primer volumen de mis histerias–, cuando juntos o por separado Ana Belén y Víctor Manuel venían a A Coruña siempre me acercaba a saludarnos y compartir mesa y mantel, si sus compromisos lo permitían. 

En aquella ocasión, por compromisos familiares, no pude acercarme a hotel ni tampoco a los ensayos del Coliseo y, en vez de saludarlos antes del concierto, decidí hacerlo al terminar. Y se armó la que se armó.

Ana Belén y Víctor Manuel volvieron a A Coruña en el 2006 para actuar, esta vez, en el Palacio de la Ópera. Un día antes de su llegada la secretaria de ambos pidió mi teléfono a Quique Pena, director del Palacio de la Ópera por entonces,, y de paso le preguntó si estaba vivo, por si las moscas.



Recibí la llamada para ir a comer juntos, acompañado de mi esposa. La comida transcurrió entre anécdotas y recuerdos de sus viajes a A Coruña, ciudad a la que profesan mucho cariño. No hubo marisco, pero se pusieron –nos pusimos– morados de pimientos de Padrón, y no precisamente por el hecho de que picaran demasiado. En vista de su adicción a los mismos, les prometimos el envío de semillas de esta variedad tan apreciada de pimientos, para que las plantaran en su finca de Guadalajara.

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